Ecoblanqueo, el lavado verde de Europa

La creciente demanda de productos relacionados con la sostenibilidad obliga al sector de banca y seguros a vigilar de cerca las prácticas de ecoblanqueo.

Las prácticas de ecoblanqueo afectan la reputación corporativa

La preocupación por el medio ambiente de los consumidores es cada vez mayor, de manera que están ejerciendo presión sobre las empresas para que sigan una senda más sostenible. Como resultado, muchas compañías están cambiando su modelo de negocio o su forma de operar para reducir su huella ambiental, pero también existen casos de greenwashing. Por esa razón, la Unión Europea ha emprendido una cruzada contra el ecoblanqueo en el sector de banca y seguros.

¿Qué es el ecoblanqueo?

El ecoblanqueo no es un fenómeno completamente nuevo, sino que se remonta a mediados de la década de 1980, cuando el activista ambiental Jay Westerveld criticó algunas prácticas hoteleras que escondían detrás de mensajes amigables con el medio ambiente el intento de ahorrar costes.

A partir de ese momento, el greenwashing o lavado verde se refirió a las prácticas engañosas que utilizan algunas empresas y organizaciones para hacer creer a sus clientes y el público en general que los productos o servicios que ofrecen, o incluso la propia entidad, son sostenibles o amigables con el medio ambiente, cuando en realidad no es así.

El ecoblanqueo es, por ende, una táctica publicitaria utilizada para obtener ganancias, en lugar de asumir la responsabilidad ambiental. Obviamente, representa un gran problema ya que de esta manera no se reduce la contaminación ni se detiene la degradación del medio ambiente mientras se engaña a los consumidores y se les anima a gastar más creyendo que están adquiriendo productos o servicios sostenibles.

Los riesgos que emanan de los casos de greenwashing

Uno de los casos de greenwashing más conocidos de los últimos tiempos fue el de Volkswagen, que hizo trampas en las pruebas de emisiones de algunos de sus coches mientras promocionaba en sus campañas de marketing las características ecológicas y de bajas emisiones de los mismos.

Sin embargo, no es el único caso de greenwashing. En 2018, por ejemplo, Starbucks lanzó una “tapa sin pajita” como parte de su campaña de sostenibilidad, pero resultó que esta contenía más plástico que la combinación anterior. Ikea también fue acusada de lavado verde en 2020 cuando se vinculó con la tala ilegal en Ucrania y se puso en duda la certificación de madera que utiliza del Forest Stewardship Council.

El sector de las finanzas tampoco escapa del ecoblanqueo. Un informe reciente realizado por Rainforest Action Network mostró que los grandes bancos, como JP Morgan, Citibank y Bank of America, Wells Fargo, Barclays, Bank of China, HSBC, Goldman Sachs y Deutsche Bank, entre otros, todavía siguen prestando enormes sumas a las industrias que más contribuyen al calentamiento global, como la de los combustibles fósiles y la deforestación, mientras se posicionan como los líderes de la transición verde.

De hecho, en el sector de finanzas y seguros, el ecoblanqueo suele ser una práctica más compleja y multifacética que puede ocurrir en las diferentes etapas de la cadena de valor, desde la venta o comercialización de los productos financieros y de seguros hasta a nivel de empresa, cuando las entidades bancarias o aseguradoras hacen afirmaciones de sostenibilidad falsas o sin fundamento sobre su productos, actividades o políticas.

Obviamente, el lavado verde genera riesgos reputacionales y financieros para las empresas involucradas. También puede afectar negativamente el mercado y todo el sector, erosionando la confianza del público en las inversiones sostenibles. El lavado verde relacionado con la venta de un producto financiero, por ejemplo, suele acarrear riesgos legales y operativos para el corredor o agente de seguros, pero también puede afectar la reputación de la correduría, aseguradora o banca y hacer que los inversores retiren su capital, lo cual terminará afectando la estabilidad financiera de la entidad.

Europa lanza una cruzada contra el ecoblanqueo en el sector de banca y seguros

La Unión Europea ha dado pasos importantes para promover políticas más sostenibles en el mercado financiero y de seguros aprobando legislaciones destinadas a aumentar la transparencia y ayudar a los inversores finales a identificar los productos más amigables con el medio ambiente, como el caso del test MiFID.

Sin embargo, no basta con implementar dichas políticas, es importante darles seguimiento e identificar las prácticas de lavado verde. La eficacia de las políticas de finanzas sostenibles depende en gran medida del nivel de supervisión adecuado y su ejecución en todos los países de la Unión Europea.

Por esa razón, las autoridades europeas de supervisión de banca, seguros y mercados (EBA, Eiopa y ESMA) han abierto una nueva investigación dirigida a recopilar información sobre las prácticas de lavado verde. Estas entidades quieren comprender las principales características y los riesgos asociados al lavado verde, así como detectar posibles casos de greenwashing en el sector.

Con esta iniciativa Eiopa quiere identificar las áreas más propensas al lavado verde y detectar dichas prácticas a lo largo de la cadena de valor de inversión sostenible y el ciclo de vida del producto financiero. Los resultados contribuirán a perfilar mejor las políticas destinadas a evitar el ecoblanqueo, ejercer una supervisión más eficaz y fomentar una mayor confianza sobre las afirmaciones vinculadas a la sostenibilidad.

De hecho, Eiopa invita a los encuestados a presentar sus respuestas antes del 10 de enero de 2023. Sus contribuciones se añadirán a las conclusiones de las AES en sus informes de situación, que se presentarán en mayo de 2023, así como a los informes finales previstos para mayo de 2024.

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